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Pie de Charcot

Descripción

Es más probable que visitar al doctor (incluso si se trata del podiatra de su barrio) sea algo que le provoque terror antes que una cosa que desee hacer. Tan molesto puede resultarle que, cuando percibe algo raro en su pie, decide esperar unos días o una semana antes de concertar una cita, simplemente para ver si el problema se soluciona solo. Sin embargo, en muchas ocasiones, esto puede llevar a complicaciones de lesiones o problemas que ya eran graves. El pie de Charcot definitivamente se incluye en esta categoría.

El pie de Charcot (a menudo llamado pie diabético artrítico) es una condición muy grave. Sucede cuando un individuo sufre de neuropatía (daños en los nervios) en el pie. Actualmente, la neuropatía se ve más a menudo como resultado de la diabetes, pero puede darse en conjunción con otras enfermedades neurológicas. La neuropatía hace que los nervios del pie tengan más posibilidades de fracturarse, y esas fracturas podrán pasar desapercibidas porque existe muy poca o ninguna sensibilidad en el pie. A menudo, si la fractura no se detecta rápidamente, la gente con neuropatía seguirá caminando con el pie lesionado, haciendo que la fractura empeore cada vez más hasta que se convierte en una deformidad bastante grave: el pie de Charcot, donde el arco puede colapsar y la planta del pie comienza a sobresalir, volviéndose convexa en lugar de cóncava.

Como puede imaginar, no es muy agradable sufrir esta lesión. Por eso, si sospecha que tiene cualquier lesión el pie, visitar a su podiatra lo antes posible es fundamental. Las personas con diabetes necesitan ser especialmente cuidadosas y deben revisar sus pies todos los días para asegurarse de no tener escaras o lesiones.

Síntomas

Comencemos por los síntomas que pueden indicar el comienzo de una lesión, pues son las señales a las que deberá estar atento. Como tiene neuropatía, tal vez no sienta dolor en la lesión misma, aunque a veces muchas personas experimentan un dolor sordo en la zona, pero no tan terrible como el dolor de una fractura. Quizás ni siquiera recuerde haberse lastimado el pie. Pero no se deje engañar por eso; todo el problema puede iniciarse como una fractura por estrés que sencillamente sucede por andar caminando durante un rato largo, o tal vez por practicar demasiado patinaje. No obstante, hay otros síntomas además del dolor: tal vez note que un pie está más caliente que el otro cuando lo toca, o que su pie se enrojece o se hincha. Estos son signos de inflamación, lo que significa que su cuerpo está enviando una cantidad de sangre adicional a su pie para intentar sanarlo. De modo que sin dudas algo está sucediendo. Puede haber una pequeña abrasión (también llamada crepitación), lo cual indica que los pedacitos dañados de hueso están friccionándose unos contra otros.

Si es un poco terco y se niega a consultar a su podiatra de inmediato (pero esto no va a suceder porque seguramente ya está yendo al consultorio de su médico, ¿no es así?) su pie puede comenzar a deformarse si sigue caminando sobre él. Su arco puede colapsar y la planta de su pie puede comenzar a tomar una forma curva, algo que no es ideal para un pie. Éste es el signo de que el problema ha empeorado y que usted ya tiene un daño considerable así que, si aún no ha consultado a su podiatra, hágalo ya mismo. Otros síntomas pueden incluir callos y úlceras que se desarrollan a medida que la deformidad genera protuberancias óseas, lo cual provoca que su pie se frote contra sus zapatos.

Diagnóstico

Cuando consulte a su podiatra, éste necesitará saber si hay antecedentes de diabetes en su familia. Si es así y tiene un pie inflamado que no le duele, tal vez sospeche que usted sufre de Pie de Charcot. Para elaborar un diagnóstico, su podiatra tal vez le examine visualmente el pie para buscar signos de inflamación. También necesitará mirar su pie por dentro, de modo que puede ordenarle que se haga una radiografía u otro examen de diagnóstico por imágenes para ver cómo están los huesos dentro de su pie.

Tratamiento

Nuevamente, si tiene diabetes o le falta sensibilidad en sus extremidades, o si nota signos de hinchazón, calor o enrojecimiento en uno o ambos pies, consulte inmediatamente a su podiatra. Si lo hace, podrá tratar su lesión más exitosamente. Si no lo hace, puede sufrir de complicaciones más graves como la amputación, algo realmente indeseable. Así que, controle sus pies todos los días para buscar signos de algún problema y no espere a ver a su médico cuando note que algo anda mal.

Si el Pie de Charcot es el culpable de su inflamación, su podiatra tal vez le inmovilice el pie y se asegure de que no coloque peso sobre éste. Esto le dará tiempo a la lesión para que sane. Probablemente le coloque un yeso, una férula o una bota y deberá usar muletas o una silla de ruedas. (No le tenga miedo a la silla de ruedas: gracias a ellas las filas para entrar a los parques de diversiones se harán más cortas y sus hijos o nietos lo adorarán porque podrán jugar con usted durante horas). Esta etapa de inmovilización puede durar un tiempo, así que sea paciente. Tal vez tenga que esperar varios meses o incluso un año hasta que los huesos se vuelvan a unir correctamente. No obstante, si espera pacientemente hasta que su herida cure reducirá considerablemente la posibilidad de sufrir lesiones o complicaciones posteriores.

Una vez que su pie haya sanado, su podiatra tal vez le sugiera un tratamiento para evitar lesiones a futuro. Estos pueden incluir usar algún tipo de ortesis (plantillas recetadas para los zapatos) o aparatos ortopédicos que le permitan apoyar su pie y que éste no se vuelva a lastimar. Su médico también puede sugerirle que cambie las actividades que practica, si puede indicar una actividad en particular que pueda haberle provocado la lesión en primer lugar. (En resumen, tal vez tenga que dejar de tirar yunques, una actividad que tanto le gustaba).

Si su pie no responde bien a estos tratamientos o si ya se ha deformado mucho, tal vez la mejor opción sea recurrir a la cirugía para asegurarse de que su pie sane correctamente. Esto puede implicar retirar las protuberancias óseas que se han desarrollado o tal vez a su cirujano le parezca más apropiado fusionar la articulación para asegurarse que los huesos del pie queden bien alineados y sanen.

Sin importar cuál sea el tratamiento, siga las instrucciones de su podiatra al pie de la letra. Si lo hace, evitará posteriores complicaciones y podrá conservar la función de su pie. (Además, hará sonreír a su podiatra, y eso siempre está bien).