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Callos

Descripción

Los callos, esos bultos desagradables que parecen granos de maíz que han crecido en sus pies, se deben a la presión sobre la piel, a menudo provocada por usar zapatos muy ajustados, a las deformidades en los pies o a ciertos modos extraños de caminar. Por ejemplo, supongamos que usa unos zapatos que tienen un espacio tan ajustado para los dedos que, para ponérselos, debe atarse los dedos con cinta adhesiva. Estos  zapatos rozan sus dedos o hacen que sus dedos se rocen entre sí. Para su piel es una sensación horrible, de modo que genera el crecimiento de una capa adicional de protección para defenderse. Y sí, adivinó, ¡ahí nace un callo! De modo similar, las deformidades en los pies, como los dedos martillo (que no tiene nada que ver con la herramienta en caso de que se lo estuviera preguntando), caso en el cual los dedos se doblan y se estrujan permanentemente o temporalmente, hacen que ciertas partes del pie como la punta de sus dedos se eleven y luego rocen la parte interna de sus zapatos, lo cual provoca los callos. Otras causas pueden incluir espolones u otras anomalías, o una forma inusual de caminar.

Los callos pueden doler mucho, particularmente si la zona sigue estando expuesta a la presión. En última instancia, el cuerpo puede decidir que el callo es un cuerpo extraño y comienza a atacarlo. Los callos pueden infectarse, inflamarse, irritarse y, en general, ponerse de mal humor. Afortunadamente, ¡no se vuelven intratables!

Síntomas

En general, los callos hacen que la piel se ponga más gruesa y dura, y ésta puede secarse y escamarse o, en el caso de los callos blandos (se forman entre los dedos, generalmente entre el 4º y el 5º) la piel puede ponerse blanca y húmeda. A diferencia de las callosidades, que tienden a ser engrosamientos difusos de la piel, los callos tienen bordes bien marcados y un centro más duro. Ese centro puede tener una punta que se hunde en la piel, lo cual puede provocar mucho dolor (es como tener una tachuela clavada entre su zapato y su pie). Los callos parecen granos de maíz, pero no siempre es así (tenga cuidado con las gallinas, ¡pueden confundir su callo con sus granos de maíz para el desayuno!)

Diagnóstico

En general, su podiatra debería poder diagnosticar un callo con sólo ver su pie. Probablemente mire bien su piel y puede tocar su pie para determinar si hay molestias o sensibilidad en la zona. (Es posible que también realice algún ritual antiguo para descubrir sus callos, con humo azul y fuegos artificiales… pero eso es bastante improbable.)

Tratamiento

La mejor manera de tratar los callos es retirar lo que genera esa presión inusual en su pie. Si sus zapatos tienen la culpa de sus callos, es probable que su podiatra le recomiende que cambie su calzado. Es recomendable comprar zapatos con mucho lugar para que todos sus dedos entren cómodamente, con un poco de espacio adicional para que se desplacen también. Si tiene dedos martillo o espolones, su médico deberá tratar este problema además de los callos. Esto puede incluir usar algún tipo de plantilla, controlar la inflamación (con medicamentos orales o inyectables) y posiblemente someterse a una cirugía.

Es posible que encuentre alivio al dolor que le provocan sus callos usando una almohadilla de fieltro o molesquín (también llamada “tela de piel de topo”) en forma de anillo para reducir la presión del área. Su podiatra tal vez pueda retirarle el callo con cirugía si realmente le molesta, pero tenga en cuenta que si no se trata la causa real del callo, esos bultos molestos aparecerán de vuelta, al igual que ese suéter horrible de su esposo o esposa que intenta arrojar a la basura constantemente. Recuerde que NO debe tratar de cortar o quitarse el callo por su cuenta, ya que al hacerlo puede infectar toda la zona (además, reconózcalo, no estudió ni se capacitó como cirujano de pies). También le recomendamos que evite usar los removedores químicos de callos que se venden sin receta en la farmacia, particularmente si es diabético o sufre de algún otro problema neurológico o de circulación. Como estos líquidos pueden carcomer los tejidos sanos además de los callos, deben usarse con mucho cuidado y sólo bajo las indicaciones estrictas del podiatra.

Si sigue las recomendaciones de su podiatra y se deshace de lo que realmente está presionando su pie, es probable que lleve una vida tranquila y sin callos.