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Artritis del pie y el tobillo

Descripción

Uno de los problemas del pie y el tobillo más comunes (y dolorosos) es la artritis. Pero en realidad, si lo piensa, no debería sorprendernos. Artritis es simplemente un término general que se aplica al dolor de las articulaciones, y como existen 26 huesos y 33 articulaciones en el pie, existen muchos lugares donde pueden aparecer los problemas. También existen muchos tipos de artritis, cada uno debido a una causa distinta, que se manifestarán en diferentes circunstancias. Si bien algunos tipos de artritis pueden afectarnos a cualquier edad, las probabilidades de desarrollar artritis aumentan a medida que envejecemos. Las personas mayores de 50 años tienen mayores riesgos y, en el caso de aquellas que tienen entre 60 y 80 años, las posibilidades de tener algún tipo de artritis se elevan al 50%.

Algunas formas de artritis son más comunes que otras. De hecho, cuando la gente habla de artritis, la mayoría piensa en la osteoartritis, que es una degeneración gradual del cartílago de la articulación. Básicamente, el cartílago actúa como un amortiguador entre los huesos, brindándoles una superficie lisa sobre la cual se deslizan uno frente al otro. Sin embargo, el cartílago puede dañarse y desgastarse con el tiempo, en particular a medida que el proceso de envejecimiento vuelve más difícil la cura del daño. Finalmente, cuando el cartílago se afina o desaparece por completo, los huesos de la articulación se friccionan entre sí; como puede imaginar, esto no es muy agradable. Los huesos de la articulación afectada también pueden empezar a desarrollar crecimientos óseos, llamados espolones, que pueden causar mayor irritación, en especial porque las protuberancias elevadas se refriegan contra el calzado. Si bien la osteoartritis  puede encontrarse en cualquier articulación, como por ejemplo en la mitad del pie o el tobillo, es más común que afecte a la articulación del dedo gordo (incluso tiene un nombre especial: hallux rigidus).

La artritis post-traumática es bastante similar a la osteoartritis, pero en este caso la degeneración del cartílago es causada por una lesión, y no por el desgaste gradual. Lo frustrante acerca de este tipo de artritis es que los problemas con la articulación recién podrían manifestarse años después de sufrida la lesión. Esto puede hacer que se confíe en que el tobillo que se fracturó jugando al softball en la universidad está completamente curado y no le causará más problemas. Y sin embargo, pasados unos años usted sufre artritis. Las lesiones que mencionamos tampoco deben ser fracturas necesariamente: los esguinces graves, las lesiones de los ligamentos y las dislocaciones también pueden hacer que una articulación tenga hasta siete veces más probabilidades de desarrollar artritis más adelante.

La degeneración del cartílago también es un problema en la artritis reumatoide, pero en el caso de esta condición tan grave, es el propio sistema inmune de la persona el que causa el daño. No se sabe con exactitud qué es lo que hace que el sistema inmune ataque a sus articulaciones (aunque puede apostar por que en este momento hay investigadores buscando la respuesta), pero está bastante establecido que las mujeres tienen más posibilidades de desarrollar el problema que los hombres (para ser precisos, tres o cuatro veces más probabilidades). Es posible (aunque no seguro) que, en algunos casos, exista un gen que predisponga a una persona a desarrollar artritis reumatoide. Algunos científicos postulan que cuando una persona con ese gen experimenta un evento determinado (como por ejemplo si contrae una infección o si se expone a un tipo de desencadenante presente en el medio ambiente), el gen se activa y envía al sistema inmune a atacar el cartílago de las articulaciones. Ese definitivamente es un caso en el que el sistema inmune se entusiasma demasiado con las tareas que debe realizar.

Otro problema de artritis ponderado por género es la gota, enfermedad que algunos piensan como propia de hombres ricos demasiado aficionados a su brandy y a sus bistecs. De hecho, los hombres tienen más posibilidades de desarrollar gota, y esta enfermedad puede estar asociada de alguna manera a los tipos de proteínas en la dieta de la persona afectada. Sin embargo, la gota se entiende mejor si se la explica como una acumulación de ácido úrico (un subproducto de la dieta) en las articulaciones. Habitualmente, la articulación del dedo gordo es la más afectada, y esto se debe simplemente a la enorme cantidad de presión que colocamos sobre ella. ¡Y vaya si la gota puede doler! Está considerada ampliamente como el más doloroso de todos los tipos de artritis.

Síntomas

Si bien existen muchas formas de artritis, todas tienden a tener algunos síntomas comunes. Los mismos pueden incluir signos de inflamación, como enrojecimiento o hinchazón de la articulación, y la piel que rodea a la articulación puede estar caliente al tacto. También es probable que exista dolor y sensibilidad en el área. Puede ser difícil mover la articulación, en particular a la mañana, o al colocar peso sobre ella como por ejemplo cuando caminamos, corremos, etc., lo cual al mismo tiempo hará que se dificulte realizar esas actividades.

Algunos síntomas tienden a aparecer con ciertos tipos de artritis. Es probable que los síntomas de la artritis reumatoide sean agudos al principio (es decir, los síntomas se manifestarán de repente, no de forma gradual), y pueden existir períodos de remisión (o sin síntomas) seguidos de recrudecimientos posteriores. Los síntomas también tienden a ser simétricos, de modo que, por ejemplo, si el tobillo de un pie desarrolla problemas, es probable que el otro también lo haga. La artritis reumatoide también puede ser el tipo de artritis más deformante, distorsionando las formas de las articulaciones además de causar mucho dolor. Amigos, es un castigo bastante injusto.

Diagnóstico

Cuando visite a un podiatra porque le duelen las articulaciones (es mejor que lo haga más temprano que tarde), es probable que le pregunte acerca de su historial médico, en particular sobre algunas lesiones que haya sufrido previamente en su pie o tobillo. También es probable que su médico le pregunte acerca de su dolor actual, como por ejemplo si lo está sintiendo en uno o en ambos pies, dónde se ubica el dolor, en qué momento es más intenso (es decir, en qué momento del día y al realizar qué tipo de actividades), y cómo y cuándo apareció el dolor.

También es posible que el podiatra realice un examen físico del pie, para ver si existe enrojecimiento o hinchazón, y que pruebe cuál es el rango de movimiento de la articulación. Además, puede pedirle que camine por la habitación, para ver qué puede revelar sobre su condición su forma de caminar.

Para descubrir la raíz del dolor en la articulación, su podiatra puede sugerirle que se haga una radiografía para ver si existe algún daño en la articulación o si hay espolones; y también para dimensionar cuál puede ser la magnitud del daño. Asimismo, puede pedirle que se haga una resonancia magnética o una tomografía computada para tener una mejor idea sobre lo que está sucediendo dentro de su pie.

Tratamiento

Existe una serie de métodos que pueden reducir significativamente el dolor asociado a la artritis. Los medicamentos administrados por vía oral, incluidos el ibuprofeno (que actúa como un agente antiinflamatorio) y la aspirina, pueden ser una forma simple de hacer que los pacientes se sientan más cómodos. A veces, se pueden recetar otros medicamentos, entre ellos tratamientos con esteroides, que también puede administrarse por vía oral o inyectarse directamente en la articulación. Además del medicamento (que disminuye el dolor y/o la inflamación), se pueden tomar medidas para brindarle medios de soporte a la articulación, lo que ayuda a disminuir los riesgos de sufrir mayores daños. Su podiatra puede recetarle ortesis plantares, que son plantillas especializadas y hechas a medida que trabajan para corregir problemas que pueden ser inherentes a su pie. Asimismo, se pueden utilizar aparatos ortopédicos para sostener la articulación (y son una linda forma de hacer que otros sientan simpatía por su situación difícil). La terapia física también puede ser útil, pues fortalece los músculos que interactúan con la articulación, prestándole más apoyo a la zona.

Si los tratamientos más conservadores no son efectivos para eliminar el dolor y mejorar el funcionamiento de su pie, puede ser necesario realizar una cirugía. Su podiatra le ayudará a determinar qué opción quirúrgica es la que más le conviene. Dependiendo del tipo de artritis, y de cuán dañada esté la articulación, la cirugía puede involucrar la limpieza del tejido de la articulación dañado, eliminar los espolones y, en algunas ocasiones, incluso la fusión o el reemplazo de la articulación. Pero tenga la seguridad de que su podiatra está comprometido con encontrar la mejor solución para usted, y para sus articulaciones dolorosas.